miércoles, 12 de agosto de 2020

Capitulo 16



Francisco duerme desnudo en la cama de Fernando. Duerme con una sonrisa. Fernando está despierto. Sentado al lado de la cama, en calzoncillos. 

--Tres horas… en tres horas dejaré de ser soltero.
Lo dice con frustración y tristeza. Es la víspera del que debería ser el día más importante y feliz de su vida y en cambio está triste. Casarse en un paso decisivo y da miedo hacerlo con la persona equivocada. Es un consuelo pensar que enviudará al poco tiempo y le hace sentir cruel. Francisco está entusiasmado, tiene la ilusión escrita en el rostro y eso es lo más importante para Fernando. Lo mira con ternura.
--Se está muriendo y gracias mí morirá feliz. Se lo merece
.


La primera claror de día indica que ya llegado el que debería ser el momento más trascendental de su vida. Fernando y Francisco se van a casar. Se visten juntos, el uno al lado del otro.
--Mi primer amor, no puedo creer que finalmente me case contigo.
Francisco está tan ilusionado pero Fernando no quiere hacerle notar su angustia, que va al altar por compasión y odio hacia Jesús. Llegan los dos juntos al Registro Civil. Allá los espera Carmen con sus hijos y su enfermero particular. También el padre. Nada más bajar del auto, Fernando se da cuenta, que en una esquina está Jesús mirándolo con odio y con rabia. El odio que ve en los ojos de Jesús le hace daño. Se sostiene del brazo de Francisco. No desea estropearle su día. Francisco sonríe está feliz. Camina hacia delante con Fernando a su lado, pero Fernando tiene la cabeza hacia el lado. Mirando a Jesús. Los ex amantes se miran a los ojos. Sus respectivos odios traspasan la piel el uno del otro. Ambos tienen que hacer un esfuerzo por no llorar, por no ir a buscarse. El amor y el odio traspiran por sus cuerpos. Fernando deja todo eso atrás y entra en el Registro Civil. Jesús no puede evitar que sus ojos se llenen de lágrimas.
--Se casa, se casa con otro.
Le duele que el único hombre al que ha amado le haya defraudado. Francisco mira a Fernando con cariño y le dice:
--¿estás listo?
Fernando suspira. Cierra los ojos y hace que sí con la cabeza. Se deja llevar por Francisco. Para darse empuje piensa en ese adolescente que descubrió el amor y en sexo con otro adolescente, el hombre que ahora será su marido. Piensa en sus momentos más bonitos que han compartido juntos para tratar de dar a ese trámite el mayor romanticismo posible. Se sientan ante el juez. Francisco sonríe a Fernando muy enamorado. Está feliz. Le agarra de la mano. Fernando se ha comprometido a cuidarlo y hacerlo feliz el tiempo que le quede de vida y eso es lo que va a hacer. Francisco suspira enamorado mientras el juez lee el acta y sus deberes y derechos. Fernando siente culpable porque no comparte la felicidad de Francisco, sólo piensa que debe hacerlo feliz los días que le queden de vida. Una tristeza grande y permanente lo acompaña durante toda la ceremonia. Por si no se encontraba ya suficientemente mal, le atormenta la presencia de Jesús. Está detrás del todo per no deja de mirarlo fijamente. Fernando tiene los ojos de Jesús clavados a su espalda. Si se giraba se encontraba con su mirada llena de dolor y de rabia. Carmen lo mira de reojo, ella está al lado de su nuevo amor y aunque no le gusta la presencia del amante de su esposo no dice nada, le duele pensar que su hermano se casa sin estar enamorado.
--yo los declaro unidos en matrimonio.
Francisco suspira enamorado. Fernando sonríe resignado. Cuando se gira, Jesús ya no está. El hombre ha abandonado el reciente, dolido y triste. Empieza a dar patadas y golpes en los árboles. Aúlla de dolor. Francisco y Fernando se besan ante la mirada de todos.
--gracias por hacerme tan feliz –Francisco.
Fernando no le dice nada, lo acaricia con cariño. Carmen y su enfermero particular se miran de una manera especial
.


Y se abre el baile nupcial, Francisco no se separa de Fernando. Su sueño se ha cumplido. Siente que ya se puede morir tranquilo aunque piensa dar la pelea. Quiere estar tranquilo, no quiere que su vida sea triste. Es feliz al lado de Fernando y desea disfrutar de todo. Carmen le susurra a su chico algo al oído. Tiene miedo pero desea darse una nueva oportunidad. La mujer deja a sus niños a cuidado de su padre y se pierde entre las habitaciones del hotel.
--tengo miedo –murmura ella.
--déjate llevar… --jadea él.
Carmen llora en brazos de su nuevo amor. Él la siente temblar. Es muy cariñoso con ella.
--¿estás segura?
Carmen hace que sí con la cabeza. Tiene miedo porque es la primera vez que se entrega a otro hombre que no es Manuel pero la vida le está dando una nueva oportunidad y no la piensa desaprovechar.










Jesús llega a su apartamento muy herido. Oye el ruido de la ducha.

--¿¿Manuel eres tú?
Necesita un buen desahogo. Se empieza a sacar la ropa. Entra en el baño con cara de sexo. Es Benito.
--No, Manuel no está.
Benito desnudo, su cuerpo lleno de jabón. Mira a Jesús con deseo. Lo ama y lo echa de menos. Lo mira con cara de decirle “¿yo no te puedo ayudar?”. Jesús lo mira con cara de responder: “pues claro que sí”. Jesús se acerca a Benito como una herida. Tiene un gran dolor en su alma. Se mete en la ducha con él. El agua va mojando el cuerpo de Jesús. Lo hace más brillante, eso enciendo aún más el deseo de Benito. Se besan ardientemente. Jesús sólo quiere un cuerpo para descargarse. Le da lo mismo uno que otro. Benito lo ama y le apetece estar con él aunque le duele que le dé igual uno que otro. Quisiera hablar con él, ayudarlo pero Jesús no le da opción. Lo pone cara a la pared, culo en pompa y lo monta con una brutalidad que lastima pero Benito es feliz en brazos de su amado aunque éste no se preocupe del placer del chico sino de su desahogo. Una vez, Jesús ha explotado sale de la ducha. No le da a Benito el placer de la revancha y el otro tampoco se lo pide. No quiere presionarlo. No le dice nada. Sale de la ducha todo desnudo, con una toalla se va secando. Benito lo mira con mucho deseo. Ama a ese hombre, siente una fuerte atracción hacia él. Le encanta verlo caminar desnudo. Le duele la presencia de Manuel, que ya no sea lo mismo las cosas entre ellos. Jesús tira la toalla al suelo y empieza a vestirse. Benito sale del baño en calzoncillos y secándose la cabeza. Mira con cariño a Jesús mientras se abrocha los pantalones. Jesús lo mira serio y le dice:
--No le digas nada de esto a Manuel.
-- claro que no, ya sabes que conmigo puedes contar en lo que quieras –le dice Benito con una tierna sonrisa.
Benito espera un gesto amistoso de parte de Jesús pero no es así. Agarra una cerveza de la nevera y se tumba en el sofá. A Benito le duele verlo triste. Acostarse con el chico ha relajado a Jesús pero no le ha quitado su amargura y a Benito le duele que así sea. Pese a la frialdad de Jesús, Benito se muestra afectuoso. En cuclillas al lado del sofá, le acaricia la mano:
--¿es por Fernando?
Jesús se levanta del sofá de un salto. Le duele mucho recordar a Fernando. Mira por la ventana. Su rostro es duro. Luego unas lágrimas deslizan por sus mejillas:
--Se casó… Se casó con el otro.
Jesús es un animal herido y Benito lo abraza. Quisiera decirle que nadie lo va a amar como él pero no se atreve. Sabe que no es lo que Jesús quiere escuchar en ese momento. Jesús se aparte de su amigo. Se seca las lágrimas.
--¡¡si él se casó yo haré lo mismo¡ ¡¡a ver qué cara se le pone cuando me case con Manuel¡
Jesús es todo rencor. A Benito le duele ver así a su amado. Trata que no se llene de odio:
--Si ya perdiste a Fernando, ¿qué ganas estando con el otro? ¿engañarlo? A ti no te interesa Manuel.
Pero ya es demasiado tarde. Jesús es todo odio:
--¡humillar a esa familia¡ ¡¡Fernando nunca me perdonó que yo estuviera con Manuel, que rompiera el hogar de su hermana¡ ¡¡pues ahora me tendrá que aguantar como el marido de su cuñado¡
Jesús siente una gran herida en su alma y sólo haciendo daño a Fernando se le pasa. Manuel llega en ese momento.
--¿Dónde estabas? Te buscaba… --le pregunta Manuel con celos.
Manuel ama a ese hombre y no se cansa de marcar su propiedad. Jesús se muestra todo lo cariñoso que no es con Benito:
--y yo te buscaba a ti.
Jesús besa a Manuel con un cariño y una ternura que hasta Benito cree que es sincero aunque sabe que no lo es.
--¿vamos a la cama? Me muero por hacer el amor contigo… --le dice Jesús coqueto.
Manuel y Jesús se encierra en el dormitorio. En seguida se oyen los jadeos de la pareja mientras Manuel clava su dura lanza en Jesús. A Benito se le sale las lágrimas. Se muere de los celos:
--Es una máquina… No se cansa nunca,
Y lo dice con tristeza. Le duele que Jesús sólo piense en sexo. Sabe que no es feliz, que lleva una vida amarga que trata de suplir con sexo a lo loco pero sin lograrlo. 



Capítulo 15




Francisco  está tan feliz ante la idea de morir como esposo de Fernando que no puede creer que al fin, que de repente, Fernando haya aceptado su propuesta.

--¿me lo puedes repetir?
Fernando lo mira con ternura. Tampoco quiere que Francisco sepa que lo hace por despecho, que ama y sufre por otro.
--Lo que has oído, que me quiero casar contigo lo antes posible, que no quiero estar separado de ti, que hoy mismo te vienes a vivir a mi casa.
Hacen el amor para sellar su compromiso. Hacía días que no tenían ese tipo de intimidad. Francisco es un hombre feliz. Olvida que está a las puertas de la muerte y se dedica a vivir sus últimos días con alegría. Por el lado de Fernando, estar con Francisco aligera su dolor, distrae su pena. Francisco es muy dulce con él, lo trata bien. Lo gusta estar a su lado. Además Francisco lo quiere mucho, estar al lado de Fernando es lo que más desea así que a Fernando le va bien saber que está ayudando a un amigo a morir feliz. Se levantan los dos desnudos de la cama. Francisco empieza a hacer su maleta. Fernando se viste. Van hablando de la boda.
--vamos al Registro Civil ahora, a ver cuando nos podemos casar –Francisco.
--sí, vamos.
Francisco no se quiere mostrar ansioso pero él no puede esperar mucho. Fernando también tiene prisa. No quiere que Jesús se dé cuenta que piensa en él, que lo ama y sufre por él. Si Jesús tiene planes de boda pues él también. Saber que Jesús no podrá casarse porque Carmen no firma el divorcio y él sí es algo que le hace sentir un poco victorioso. 

Con la maleta de Francisco, la pareja va al Registro Civil. Francisco ya tiene sus papeles y Fernando saca los suyos. La fecha de la boda queda fijada para dos meses a contar desde ese mismo día. A las 10 de la mañana. Francisco es feliz y Fernando se deja llevar por el odio. Además piensa que esa es la última voluntad de Francisco antes de morir y no le parece bien no darle el gusto no habiendo nada que lo impida. 

Francisco y Fernando han mantenido a su familia al margen de su relación. Nadie de la familia de Fernando la conocía ni desde los comienzos y esa boda los ha tomado de sorpresa. El padre no dice nada. Nunca aceptaría a Jesús como parte de su familia por el daño que le ha hecho a su hija pero menos en eso nunca se metería en la vida de su hijo. Augusto aprovecha para anunciar que va a ser papá y no sabe si podrá viajar. Incluso propone que se casen en el pueblo. A Francisco le encanta la idea pero no a Fernando. Quiere que Jesús sepa de su boda. Si no fuera porque tiene miedo de que se presente con Manuel lo invitaría sólo para asegurarse que se entera. Carmen va mejorando poco a poco. Tiene a un lado a un enfermero particular. La atendió en la clínica y la visita, como amigo aunque él quiere algo más. Carmen no tiene ganas de iniciar una relación seria pero se deja querer. Incluso se le pasa por la cabeza la idea de firmar el divorcio. A Fernando le aterra la posibilidad de una boda entre Manuel y Jesús.
--¡no, no debes hacerlo¡
Fernando se muestra desesperado. A Carmen le sorprende darse cuenta que a su hermano le importa más su matrimonio que a ella misma.
--Es por los niños¿qué pensarán de su padre casado con otro hombre? –se justifica.
A Carmen cada vez le importa menos lo que haga su marido. Sólo le preocupan sus hijos. Siempre ha preferido pensar que en realidad nunca existió nada entre su hermano y el amante de su marido pero su actitud celosa le hacen ver que está equivocada. No se atreve a sacar el tema directamente aunque pregunta:
--No te casarás por despecho ¿no?
Carmen ha estado apunto de morir por la relación de Jesús y Manuel y Fernando no se perdona seguir enamorado. A Fernando le hierve la sangre el pensar que ama a quien tanto daño le hizo a su familia.
--No claro que no.
--el despecho no es razón para una boda –le advierte.
La enfermedad de Francisco es un secreto. Fernando piensa que en su caso es aceptable una boda para molestar a Jesús porque también hay una buena causa. Francisco y Fernando se ayudan mutuamente. Gracias a Fernando, Francisco morirá feliz y gracias a Francisco, Fernando no piensa tanto en Jesús y está seguro que podrá borrarlo de su mente y de su corazón para siempre.

Semanas después…


Cada vez se acerca más le día de la boda entre Francisco y Fernando. Fernando está aterrado porque en una semana será ya todo un hombre casado. Jamás pensó en la idea de casarse y menos con Francisco y en esas circunstancias. Le da miedo pensar que tengan que estar siempre juntos pero luego piensa que será por poco tiempo y eso aligera su pena pero a la vez le crea culpa. Piensa en lo cruel que es casarse porque sabe que su futuro esposo no tiene futuro y es que sabe perfectamente que ni por despecho se casaría con Francisco de no saber que le queda poco tiempo. Pese a todo el rencor que siente hacia Jesús no sería capaz de unirse para siempre a un hombre que no ama. Le duele pensar eso pero en el fondo la desgracia de Francisco lo ha beneficiado. Es un consuelo estar con él. Nadie de su entorno sabe de la enfermedad, cree que es una boda por amor y el hecho que la gente crea que se ha olvidado de Jesús, que no fue nada serio realza su orgullo herido. Le asusta que el día se vaya acercando pero a la vez le satisface pensar que Jesús llegue a saber que se casó para que crea que no fue nada importante, para sentir que Fernando hizo con él, lo mismo que Jesús ha hecho con tantos otros.

Esa tarde, Fernando y Francisco van al restaurante en el que se hará el banquete de su boda. Ahí se encuentran a Jesús y Manuel. Por la manera en la que se miran Jesús y Fernando, Manuel y Francisco se dan cuenta que entre ambos hay una historia de amor y dolor. Es por eso que Manuel abraza a Jesús y Francisco a Fernando con orgullo para marcar propiedad y aprovechar para atormentar al otro.
--así que te casas¡que alegría¡ ¡Supongo que estamos invitados¡ ¡¡Cuando nos casemos nosotros también te invitamos¡ --Manuel.
--No, no estás invitado. A mi me da igual pero Carmen estará más tranquila sin ti.
Francisco y Manuel van haciendo mimitos a sus parejas, Fernando y Jesús se miran cada vez con más odio. Jesús extiende su mano a Francisco para darle la enhorabuena pero con ironía le dice:
--una recomendación amigo, agáchate un poco cada vez que pases por una puerta porqué te dejará la cabeza bien adornada.
Francisco tiene intención de lanzarse sobre Jesús pero Fernando prefiere agarrarlo del brazo y llevárselo de allá. Jesús sigue escupiendo odio:
--¡Os deseo toda la suerte que os merecéis…¡ --dice Jesús con ironía.
Ya desde la puerta, Fernando se gira para mirar a Francisco. Lo fulmina con la mirada. Jesús lo mira burlón. El corazón de Fernando parece una olla a presión. Se estremece de amor y de odio. No sabe bien si desearía escupirle en la cara, besarlo o las dos cosas. Lo odio, la habría ahorcado. 
--¿¿¿Cómo ha podido ser tan importante en mi vida un miserable como ese?? –se pregunta para sí.
Con miedo de la respuesta, Francisco le pregunta:
--¿qué pasa con ese negro?
--¡¡es un desgraciado, está podrido por dentro¡ ¡¡lo odio, ojalá no lo hubiera conocido¡
Debajo de tanto odio, Francisco sabe leer el amor y eso le duele. Fernando siente que Jesús ha sido una maldición para él. Lo ha dejado muy herido y por eso no puede volver a enamorarse. Si una vez amó a Francisco está seguro que podría haberlo hecho de nuevo de no ser por Jesús. Siente como si lo hubiera envenenado por dentro y ahora sea incapaz de amar. Pero esta decidido, se casará con Francisco. Fingirá ser feliz a su lado el poco tiempo que dure su matrimonio y aunque sea a la fuerza está decidido a arrancar de su cuerpo las marcas que ha dejado Jesús. Francisco no quiere pensar en nada, prefiere vivir en un mundo de mentira el tiempo que le quede, ser feliz al lado de Fernando aunque sepa que no lo ama. En la cama sabe que no piensa, se deja dominar. Sus cuerpos desnudos se dan placer y eso los relaja. Fernando se levanta de la cama aprovechando que Francisco se ha quedado dormido. Se mira preocupado. El fatídico día se acerca y eso lo tiene angustiado pero está decidido a dar el paso. A Jesús le molesta que se case, lo ha notado por su actitud. No cree que su actitud sea por amor sino por orgullo.
--A saber que debe pasar por su mente enferma. Me imagino que debe ser su ego de macho herido. No debe soportar que lo haya puesto en evidencia. Aunque a penas nadie supiera de lo nuestro pues casándome hago pensar a la gente que nuestro idilio fue un simple rollete de los muchos que él ha tenido y eso seguro que le duele.
También le duelen a Fernando pensar que para Jesús él no fue nada importante.

Manuel duerme desnudo en la cama que comporte la pareja. Jesús se levanta en bolas. Sale de la habitación. Da un puñetazo a la pared. Se le escapa alguna lágrima. Está herido y furioso porque su amado se casa con otro.
--¡¡maldito, maldito sea¡
Lo culpa por amarlo, lo culpa porque siente que se burló de él. Cae en el piso llorando amargamente




Capítulo 14

Las heridas que se ocasionó Carmen, son delicadas pero no mortales. La mujer se recupera en el hospital. Mientras el abuelo se ocupa de los niños es Fernando quien está a su lado. Ninguno de los dos habla al respectos pero ambos se sienten heridos por el mismo hombre. Ambos odian a Jesús al que culpan de todos sus problemas y les atormenta pensar que Manuel y Jesús son felices




.

















Las cosas para Benito no están bien. Desde el sofá escucha como hacen el amor Jesús y Manuel, los ve en la ducha. Parecen que están de luna de miel. Manuel es feliz y Jesús vuelve a ser la misma máquina de coger que conoció Benito. Al chico le duele sentirse desplazado pero lo que más le duele es saber que Jesús se mueve por odio. Los amantes salen desnudos de la ducha y van hacia el dormitorio. Benito logra atrapar a Jesús.
--¿se puede saber que estás haciendo?
--¿quieres que te lo explique? –le pregunta con ironía.
Manuel se encierra en el dormitorio.
--¡te espero, mi amor¡
Jesús le guiña el ojo:
--ahora vengo.
A Benito le duele la frialdad con la que lo trata.
--¿qué haces con ese tipo? No te interesa…
Jesús agarra a Benito del brazo y lo aparta de la puerta del dormitorio para que su amante no pueda oírlo.
--¡¡no te metas en mi vida¡ ¡es asunto mío¡
--¿quieres que me vaya de tu casa? –le pregunta Benito triste.
--Haz lo que quieras, nadie te está echando. Eres mi amigo y a Manuel no le molesta pero no te metas en lo que yo hago.
Jesús no le habla amistosamente sino con cierta dureza. Se gira y vuelve al dormitorio. Antes de entrar, Jesús muestra un poco de tristeza. Fernando lo ha herido mucho. Siente que lo odia y estar con Manuel es su mejor venganza. Muestra su mejor sonrisa para el hombre y se lanza en sus brazos. Benito no tarda en escuchar los jadeos.
--¿¿¡es que no se cansan nunca?¡ --protesta para sí.
Le duele por celos porque le gustaría estar en el lugar de Manuel y le duele porque Jesús sufre.

Francisco es el mejor apoyo para Fernando y a Carmen la tranquiliza un poco ver a su hermano con otro hombre. Prefiere pensar que fue un error pensar que había algo entre él y Jesús. Francisco llena de afecto la vida de Fernando, le consuela estar con él. Se ven todos los días aunque no tienen intimidad porque Fernando no desea alejarse mucho de la clínica en donde sigue internada su hermana. Los besos y los brazos de Francisco lo reconfortan a Fernando y a Francisco estar con su primer amor le alegra sus últimos días



Al cabo de los días, Carmen sale del hospital. Fernando está a su lado. La mujer está muy decaída pero decidida a salir adelanta por sus hijos. Fernando la aconseja que hable con una psicóloga pero la mujer no quiere ni oír hablar de eso.
--mis niños serán mi medicina.
También el odio:
--¡No se van a casar, nunca le daré el divorcio a Manuel y mientras siga con ese negro maldito nunca verá a sus hijos¡
Fernando siente que debería decirle a su hermana que rompiera con su pasado, que dejara atrás a su esposo pero a él le dan mucho celos que Manuel y Jesús puedan casarse por lo que prefiere que su hermana se mantenga firme en su decisión de no darle el divorcio. Carmen se queda con sus hijos y con su padre. Fernando se va con Francisco a su apartamento.
--al fin solos –dice Francisco antes de besarlo frente a la cama.
Los besos y las caricias de Francisco consuelan a Fernando que se deja querer. Desnudo en la cama, sometido por Francisco. El sexo lo relaja pero ni otro cuerpo borra las huellas que dejó Jesús. Lo ama y lo odia pero está decidido a dejarse querer por Francisco

Francisco se ha quedado dormido desnudo en la cama. Fernando salta desnudo. Se pone los calzoncillos . Sale al balcón. No quiere que Francisco lo vea angustiado, que se dé cuenta que está pensando en otro, que se esfuerza por estar con él, que le interesa como amigo pero no como hombre. Le hace bien tomar aire fresco. Se queda un buen rato. No imagina que, llevado por los recuerdos, Jesús se ha acercado a la viviendo. Se queda escondido tras un auto. Ve a Fernando en el balcón pero Fernando no lo ve a él. Jesús suspira enamorado.
--¿qué me hiciste?¿qué?
Su corazón late por ese hombre. Lo odia y lo ama.
--¿porqué me engañaste? ¿qué tiene ese otro tipo que no tenga yo? ¿es algo serio o sólo fue un desliz?
Jesús siente el impulso de ir a hablar con Fernando. Los dos se dejaron llevar por la rabia y no han aclarado las cosas. Francisco se levanta de la cama.
--¿mi amor?
Toca el lado vacío de la cama. Fernando está absorto en sus pensamientos y no lo ha escuchado. Sonríe al verlo en la terraza. Se levanta. Se pone el calzoncillo y va hacía él. Lo abraza dulcemente.
--¿qué haces, cariño?
Lo besa amorosamente en el cuello. Desde abajo, Jesús no alcanza a ver si el hombre con el que está es el mismo que dijo ser su novio pero lo que sí ve es que está con otro. Se golpea los puños con rabia
.

Un par de días después, Fernando sale de su trabajo. Unos compañeros lo convencen de ir al centro a tomar algo para despedir a un compañero. Evita salir por los lugares en los que se puede encontrar a Jesús pero le sabe mal decir no.
--Yo no tengo porque esconderme. Es él quien me ha hecho daño, el que debería sentir vergüenza de salir a la calle. Yo puedo ir con la cabeza bien alta –dice para sí. 
Al ir hacia el bar se encuentra con Jesús que pasaba por ahí. Los dos sienten que el corazón se les va a salir por la garganta. Desean besarse y golpearse. Se miran con amor y con dolor. Fernando va a hacer como si nada. No puede olvidar que su hermana casi muere por culpa de ese hombre. Jesús pasa por su lado y le susurra con ironía:
--¿con cual de estos te vas a encerrar en el baño a coger?
Fernando le agarra del brazo. Furioso y dolido le reclama:
--Aquí el negrito tragón eres tú.
Jesús le da un pequeño empujón. No gritan, no llaman la atención. Se quedan los dos solos escupiéndose odio.
--me acusabas de tener a otro y eras tú quien lo tenia.
--no seas cínico --Fernando.
Los dos se sienten víctimas del otro, los dos sienten que tienen cosas que reprocharle. Ambos están dolidos el uno hacia el otro.
--como me equivoqué contigo, eres de lo peor. En serio te quise mucho pero ahora te odio más de lo que te quería-Jesús.
--Tú sólo amas a la verga, eres una putita de lo peor. ojalá no te hubiera conocido, por mí tú y tu amante os podéis pudrir.
Jesús está muy herido por el odio de Fernando. Quiere hacerle daño, supone que Carmen está mal pero no sabe nada que la mujer intentó suicidarse.
--os deseo a ti y a la idiota de tu hermana lo peor.
Jesús se ríe. Fernando agarra con fuerza el brazo de Jesús:
--¡no te metas con mi hermana¡ ¡¡Casi muere por vuestra culpa¡
Jesús cree que miente, que lo dice por decir y se ríe:
--Pues hubiera estado bien así me habría casado ya con el viudito…
Fernando se tira encima de Jesús y lo golpea con odio. Entre ambos se inicia una dura pelea que sólo  para la policía. Cada uno sujeto por un policía que amenaza con detenerlos y no dejan de insultarse y tratar de golpearse.
--¡¡estás muerto para mí, esto no te lo pienso perdonar¡ ¡Hoy te has suicidado para mí¡ --le reclama Fernando muy dolido.
--¡No tienes nada que perdonarme, eres tú el que me vas fallado¡
No dejan de insultarse, de atacarse. Sólo llevándolos a comisaría y por separado logran acabar con la pelea. Los dos están muy heridos. Culpan al otro de sus males.
--Ahora sí es el final –dice Jesús para sí con el corazón roto y la mirada llena de odio.
--¡ahora sí podré olvidarlo¡ --dice para sí Fernando roto de dolor.

Fernando llega a su apartamento al cabo de un rato. Es todo odio. Agarra el anillo que le regalara Francisco y que ha estado guardado en su mesita de noche. Se lo pone en el dedo y va a buscar a Francisco en el hotel en el que está.
--¡sí, me caso contigo¡ --le dice a un incrédulo Francisco.
Fernando está despechado, está dolido. Si Jesús tiene con quien casarse pues Fernando hará lo mismo. Así confía en olvidar a Jesús, lastimarlo y además hace feliz a un moribundo.





Capítulo 13






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Fernando siente la traición de Jesús al verlo en la cama con otro omo la peor de las puñaladas. No le dice nada pero el odio que desprenden sus ojos lastima mucho a Jesús. Se levanta de la cama de golpe y persigue a Fernando hasta el rellano de su apartamento. La desnudez de Jesús atormenta a Fernando. Pese al odio, desea a ese hombre.
--¡no te vayas… no me hagas esto¡
Fernando baja por las escaleras. Jesús lo sigue sin importarle su desnudez.
--¡¡por favor que estoy desnudo… no me hagas seguirte… pero estoy dispuesto¡ ¡¡¡no podemos dejar las cosas así¡
Fernando va hacia la calle. Está ya saliendo. No piensa pararse.
--¡¡¡Fernando por favor, sé razonable. Voy a salir en bolas si es preciso¡
Fernando se gira y con la puerta abierta le reclama a Jesús:
--¡¡mientras yo lloraba tú cogías con otro¡ ¡¡te has estado burlando de mí todo este tiempo¡
Jesús está furioso. Acepta los silbidos de los sorprendidos transeúntes, los gritos de sus vecinos al pasar pero no el rechazo de Fernando. Éste ya no cree en él. Le duele que mientras se suponía que estaba sufriendo, Jesús se divertía con otro. Jesús trata de explicarle que estaba mal, desesperado, que fue un desahogo pero Fernando no le cree. Lo mira burlón. 
--¡¡si ya vi¡
Jesús se desespera, Fernando no quiere escuchar.
--¡Me has mentido, me has hecho lo mismo que a mi cuñado¡
A Jesús se le escapan las lágrimas y su dolor ofende a Fernando que no cree que Jesús haya dejado de acostarse con otros.
--¡¡Me decías amor a mi y te acostabas con el otro¡ --le reclama Fernando.
--Yo te quiero a ti pero necesito coger¿qué tiene de malo? –se defiende Jesús.
Fernando se siente defraudado. Estaba creyendo en el amor de Jesús y le duele, por lo que ve, pensar que le ha mentido.
-¡¡-Eres una bestia, coge todo lo que quieras… pero déjame en paz¡
Fernando ya está fuera del edificio. Jesús le agarra del brazo para que no se vaya:
--¿es que tú no te has acostado con nadie en este tiempo? –se justifica Jesús.
Fernando le da un pequeño empujón:
--Sabes que no es eso lo que me duele. Yo hoy recibí un duro golpe y a ti te faltó tiempo para revolcarte con tu amante… --le reprocha.
--¡¡ya te dije que…¡ --trata de explicarse Jesús desesperado pero Fernando no se lo permite.
Jesús está dispuesto a salir pero Benito (con pantalones pero sin camisa) baja en ese momento y lo agarra del brazo:
--Jesús no seas loco ¡¡no puedes salir así¡
--¡¡Es que no puedo perderlo¡
--Si te ama te va a entender pero debes dejar pasar esta noche. Ya mañana hablas con él.
Jesús mira hacia la calle dolido pero se deja arrastrar por Benito. Está furioso. El joven está triste al ver a su compañero tan mal. Siente algo muy especial por él. Le gusta que no tenga una relación que haga imposible que sigan juntos pero a la vez le duele verlo tan triste.



Fernando está triste. Al llegar a su casa se encuentra a Francisco. Se sorprende al verlo.

--creí que estabas en el pueblo.
Fernando es distante pero Francisco lo trata con mucho cariño.
--sentí que me necesitabas y vi que no me equivoqué. 
Francisco lo abraza y Fernando se deja querer. 
--Todo sería más fácil si estuviera enamorado de ti.
Francisco es muy tierno. No le hace preguntas. No quiere saber nada de su vida. Le duele pensar que no pueda pasar con él sus últimos meses.
--¿vamos a cenar?
Ha sido un día intenso. Fernando no tiene ganas de ver a nadie, de salir pero lo que menos desea es volver a su casa. Ese departamento en donde hacía apenas unas horas era el hombre más feliz en brazos de su amado amante. Mira a Francisco, lo ve tan ilusionado. Recuerda que es un moribundo y no le quiere fallar.
--si claro.
Pese a estar condenado, Francisco no se muestra amargado (aunque sí su mirada). Procura en todo momento tener una sonrisa porque está contento de estar con Fernando y no quiere amargarlo. Cenan tranquilamente y luego van a dar un paseo. Hablan de todo y de nada como dos viejos amigos. De pronto un terrible dolor de cabeza hace que Francisco caiga a sus pies. Fernando se angustia mucho. Le sujeta la cabeza mientras que con mucho cariño le duele:
--todo va a salir bien, voy a llamar a una ambulancia.
Fernando apoya la cabeza de Francisco en su regazo. Sin que se le caiga trata de buscar su celular pero Francisco no le deja. 
--no llames a nadie, en seguida se me pasa. No es la primera vez que me ocurre.
Su voz suena débil pero serena. Sólo le ruega que le agarre la mano con fuerza. Fernando se conmueve mucho y decide en ese momento que no lo dejará solo por nada del mundo. Su compañía también le hará bien al propio Fernando. No tarda en pasársele. Fernando lo ayuda a levantarse. Como está un poco débil se lo lleva a casa. Se sientan en el sofá. Francisco lo mira con amor y le susurra con una sonrisa:
--mi final esta cerca.
No quiere mostrarse angustiado. No quiere que su relación sea triste pero en el fondo es una súplica desesperada:
--No me dejes morir solo.
Francisco lo besa y Fernando acepta sus besos. Los recuerdos del pasado se apoderan de Fernando. Se deja llevar al dormitorio. Caen sobre la cama. Francisco lo besa y lo magrea mientras lo va desnudando. Fernando se deja dominar para tratar borrar a Jesús de su mente, de su cuerpo pero no lo logra. Se quedan los dos desnudos en la cama. Fernando está ausente. Francisco a su lado, feliz. No lo siente muy entregado pero le gusta estar con él. Es su único deseo antes de la muerte.
--Vamos a casarnos –le pide Francisco.
Sonríe pero sus ojos se muestran angustiados. No quiere obligar a Fernando a estar con él pero no le gustaría morirse sin que su sueño se le cumpla y sabe que el tiempo se le acaba. 
--pero es que yo acabo de salir de una relación difícil y…
Fernando no puede seguir porque Francisco lo interrumpe con un beso:
--sería por poco tiempo.
A Fernando le da pena el comentario pese a que Francisco habla con una sonrisa.
--podemos vernos todos los días pero una boda… Es que entiéndeme…
A Fernando le duele decirle que no. Ama a Jesús y no le apetece tener que convivir con otro hombre aunque está decidido a intentarlo. Lo odia y lo ama pero está decidido a arrancárselo de dentro aunque le cueste la vida.


Fernando y Francisco pasan la noche juntos. Mientras Fernando se ducha, Francisco prepara el desayuno. Va sin camiseta  como si estuviera viviendo ahí. Llaman al timbre y como si fuera su casa, abre. Es Jesús con un ramo de rosas. Se sorprende al ver a Francisco y semidesnudo.

--¿tú eres?
Francisco se muestra sonriente:
--el novio de Fernando ¿y tú?
Jesús siente un gran dolor pero no lo demuestra. Fuerza una sonrisa.
--No tiene importancia. Dile que vino Jesús.
--si claro.
Al cerrar la puerta, Jesús rompe a llorar. Da una patada a la pared y se va a la calle.
--¡¡se acabó, ahora sí se acabo¡
Tira el ramo de flores en el primer contenedor. Se siente estafado por Fernando:
--¡¡me la va a pagar¡
Busca en su celular. Llama a Manuel. Éste está desayunando. Su esposa está en la cocina. Le sorprende la llama de Francisco. Sale a la terraza.
--¿qué quieres?
Jesús es todo odio, todo venganza aunque ante Manuel se muestra cariñoso:
--Decirte que te amo, que es contigo con quien quiero estar. Si dejas a tu esposa hoy mismo nos vamos a vivir juntos.
Manuel lleva mucho tiempo esperando ese momento:
--¿y qué pasó con Fernando?
A Jesús se le salen las lágrimas. Sabe que esto es lo que más va a lastimar a Fernando:
--Era por despecho. Es a ti a quien amo. ¿Te quieres casar conmigo?
--¡¡Sí Jesús… te amo¡ ¡¡claro que me caso contigo¡
Jesús cuelga. Sonríe maléficamente. No le importa el daño que pueda ocasionar a esa familia si lastima a Fernando. Manuel sonríe enamorado. Al girarse se da cuenta que Carmen lo ha escuchado todo. 
--Lo siento, tú sabes que yo lo amo a Jesús. Me voy a casar con él.
Carmen le golpea con odio:
--¡antes muerta¡
Ni las amenazas, ni los llantos de la mujer, ni su “si me dejas me mato” impiden a Manuel abandonar el hogar. Carmen enloquece de la rabia. Sus pequeños hijos no tardan en encontrarla en la bañera con las venas cortadas.